Archivo | abril, 2012

Tolkien, el Hombre tras la ficción.

25 Abr

J.R.R. Tolkien: Profesor universitario y su ámbito académico.

Conferencia a cargo de Fernando Cid Lucas.

¿Quién era Tolkien más allá de su obra? Esa es una pregunta que el ponente Fernando Cid Lucas nos ayudó a contestar.

Primero de todo, hay que entender algo importante. Tolkien se consideraba inglés, muy inglés, y se alejaba de todo aquello que “oliera” a colonia (colonia entendido como un país conquistado o dominado por otro del que se extraían sus recursos naturales). Resulta gracioso este tema, sobretodo porque Tolkien nació en Sudáfrica.

Principalmente, pues, Fernando Cid se centró en Tolkien como persona, y Tolkien como profesor universitario.

Quizás, lo primero que se podría decir de él es que no encajaba en los cánones que se tienen de un catedrático. Era “perezoso” en ese sentido. Era un buen profesor en el tema de enseñanza, pero no era capaz de realizar otra labor importantísima de un profesor universitario (y más catedrático), como era la publicación de escritos, libros, diserciones… y cuando lo hacía, normalmente lo hacía a destiempo y a desgana. Su pasión era enseñar, no escribir sobre ello.

Para enseñar, utilizaba lo que podemos denominar “el método Tolkien”. En primer lugar, y muy importante para él, hacía que sus alumnos recitaran los textos, para que pudieran sentirlos. Los alumnos tenían que sentirse bardos, para poder comprender dichos textos. Era una forma de enseñanza nada común, de forma que Tolkien era el único que utilizaba este método de enseñanza. Su objetivo, no era buscar la memorización de los textos, si no la comprensión de estos. Por ello, Tolkien buscaba que sus alumnos no solo entendieran dichos textos, si no que consideraba que todos sus estudiantes tenían que ser “bardos”, o jugadlres, modificar los textos a su conveniencia, darles un “toque” personal.

Este era el Tolkien profesor universitario. Tolkien acostumbraba a ir a un Pub, el Eagle and Child en Oxford, a tomar una cerveza con sus alumnos y conocidos, y allí se dedicaba a “dar clase”, a continuar con sus explicaciones fuera de la rigurosidad de la universidad. Tolkien realmente disfrutaba con estas “lecciones”, y en ellas aprovechaba para recitar, como si realmente fuera un bardo.

Este es uno de los aspectos del Tolkien profesor, pero también como ya sabemos, Tolkien era un academicista, un hombre culto que publicó diversos escritos en su vida, en el esquema puramente filológico. El trabajo que le trajo la fama en este aspecto fue una edición crítica de “Sir Gawain and the Green Knight”. Es un trabajo compartido entre Tolkien y Edward Gordon. Ya hemos dicho que Tolkien era reacio a trabajar y escribir títulos académicos, y que normalmente era incapaz de centrarse, y por ello, de acabar dichos trabajos a tiempo. Gordon, fue quien se encargó de que Tolkien fuera cumpliendo los plazos, tirando de el para conseguir que siguiera trabajando en Sir Gawain.

Como se ha comentado anteriormente, Tolkien era “perezoso”, y eso le acarreó diversos problemas, pero sobretodo influyó en lo que fue su obra académica. Tolkien disfrutaba escribiendo el Señor de los Anillos (por ejemplo), pero sus trabajos académicos eran, para el, una fuente de ingresos, y por ello, debemos unir ahora su vida personal con su vida académica.

Tolkien era un hombre familiar. Se sabe que siempre quiso a su mujer y a sus hijos con locura, y trataba de darles todos los lujos que podía conseguir. Por ello, buscaba diversos trabajos, normalmente de tipo cadémico, que le permitieran ganar dinero y seguir manteniendo su estatus y lujos.

Así, podemos ver que dicho trabajo era para el más una obligación que otra cosa, cuando en 1925 Tolkien traduce un texto latino del s. XII en el ensayo de W. Rhys Roberts “Geral of Wales on The Survival of Welsh”. Tolkien no disfruta nada con dicho texto, pero decide realizarlo por el dinero que le pagan a cambio de él.

Pero, Tolkien, a pesar de ser un académico, disfrutaba de su trabajo con la obra de fantasía, y durante toda su vida tratará de dotar al género fantástico de un reconocimiento igual al drama o a la comedia, aunque con poco éxito. Es importante observar que la Inglaterra de Tolkien, y los círculos en los que se movía Tolkien eran selectos. No olvidemos que era profesor de la universidad de Oxford, y su estátus de profesor y catedrático, si bien se mantenía por la eminencia que era Tolkien, nunca fue realmente tomado en serio por el propio Tolkien, que siempre dejó ese trabajo de lado.

Por ello, y a pesar de ser un hombre respetado, tanto la falta de “seriedad” como catedrático, como sus intentos de darle relumbrón al género fantástico, hicieron que los círculos académicos no lo apreciaran tanto.

Así, en 1937, cuando Tolkien, en la conferencia “Beowulf: The Monsters and the Critics” defiende que la figura del monstruo es vital para que Beowulf tenga importancia, que sin dicho monstruo el Cantar carece de sentido, la crítica lo critica (valga la redundancia) con dureza. Tolkien considera que si Beowulf, el heroe, no se enfrenta al monstruo y lo vence, el propio Cantar de Beowulf no tiene ningún sentido. Dota al monstruo de un papel principal, junto al del heroe.

En 1939, Tolkien vuelve a “ganarse enemigos”. En una conferencia que da en la prestigiosa Universidad St. Andrew, “About Fairy Tales” (sobre los cuentos de hadas) el 8 de marzo de 1939, Tolkien vuelve a defender el género fantástico, a pesar de ser un eminente filólogo. En dicha universidad, se formaban algunos de los hombres más importantes de su época, lo que nos da una idea del atrevimiento de Tolkien al dar una conferencia sobre género fantástico. Dicha conferencia contará con muchos elementos de su imaginario, de lo que es su obra de ficción y fantasía. No tuvo una gran recepción por la crítica, precisamente.

En 1953, en la Universidad de Glasgow, Tolkien da una nueva conferencia sobre Sir Gawain, pero, en vez de aportar algo nuevo, sencillamente se dedica a tirar de sus notas previas, tratando sobretodo el adulterio, la tentación y el arrepentimiento que aparecen en Sir Gawain and the Green Knight.

A estas alturas, Tolkien empezaba a ser visto ya no como un eminente profesor, si no como alguien “fantasioso”, que había perdido el aura de eminente profesor y catedrático. Su interés en el género fantástico era demasiado evidente, y más después de la publicación del Señor de los Anillos.

Con todo, Tolkien tampoco pareció excesivamente preocupado. Tolkien, buscaba sobretodo mantener el estatus de su familia, los lujos, y el tren de vida que llevaba, algo que consiguió hacer con la publicación del Señor de los Anillos. Por lo tanto, pudo desentenderse de sus trabajos académicos, que le resultaban tediosos, y en los que no podía exponer todo su potencial. Tolkien, por tanto, en su obra fantástica, pudo desarrollar sus conocimientos, sus anhelos, sus pensamientos (Tolkien era un gran naturalista, consideraba las máquinas como algo malvado, y por ello, podemos ver a los elfos como seres buenos, y, por contra, los Uruk-Hai, que son creados artificalmente, ejercen de enemigos)… y además, su obra de fantasía le permitiría vivir acorde a sus necesidades, dándole dinero.

Hay que analizar, para acabar con esta conferencia, lo que fue Tolkien más allá de su obra, centrándose en Tolkien como persona.

La relación con su esposa siempre se definió como fría. A pesar de que Tolkien amaba a su mujer, siempre pareció un tanto “avergonzado” de que ella no fuera especialmente brillante en el campo académico (la esposa de Edward Gordon si lo era, e incluso ayudaba a su marido en sus trabajos). En contraposición, su esposa esa una ama de casa; Tolkien apenas paseaba con ella, o la llevaba a acontecimientos públicos.

Con todo, en relación a sus hijos, podemos decir que su relación fue mucho más estrecha. Se ocupaba de la educación de éstos, y siempre encontraba tiempo para estar con ellos. Es evidente, pues, que los amaba, y le gustaba disfrutar de tiempo con ellos. Un tiempo que tenía que quitarle a su trabajo académico.

Finalmente, podríamos decir que Tolkien, en muchas cosas, era como un Hobbit (Tolkien el Hobbit); disfrutaba muchísimo de las pequeñas cosas, de cosas sencillas, como una taza de te, pasarse horas charlando y fumando, disfrutando de la compañía de sus amigos y estudiantes, comiendo pastas y galletas… un hombre que disfrutaba de las pequeñas cosas, pero con gustos caros, y la capacidad asombrosa de costearse dichos gustos con una obra fantástica, a pesar de ser un filólogo.

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